La Pelota en la literatura

Para la historia de la Pelota

0 Comments 06 mayo 2011

Para la historia de la Pelota

PARA LA HISTORIA LITERARIA DE LA PELOTA

JAVIER CUADRA

 

- I –

 

Hay entre aquellos cuentos recogidos a fines del XIX por el pastor protestante Wentworth Webster, uno de entre los varios titulados Basajauna que, con su carga de ingenuidad me interesa ahora especialmente.

Dos muchachos se van de casa y, al hacerlo, piden un pan de dos sueldos y una pelota cada uno (bi soseko olata bana eta pilota bana). Se van, y se nos cuenta cómo caen en poder del Basajaun y en qué peligro resultan con ello.

Luego, es la hermana la que se va de casa. También ella pide, como sus hermanos, un pan de dos sueldos, pero no una pelota, sino una rueca (sei arteko khilo bat eta olata bat).

“Nada más”… En el desarrollo posterior del cuento, ni panes, ni rueca, ni pelotas tienen función aparente alguna. No, al menos, en el estado en que nos llegó el cuento.

Quizá la tuvieron alguna vez. O quizá no la tuvieron nunca.

O quizá el cuento esté “completo” tal cual. En realidad, la hermana que pidió la rueca resultó bastante más prudente que los dos chorlitos de sus hermanos que habían pedido una pelota.

“Gorua garrian eta gogoa kirolan” se lee en los vizcaínos Refranes y Sentencias Bascongados de 1596. Digamos, “la rueca en la cintura y la “cabeza” en la diversión”.

La rueca como hacienda y prudencia. La pelota como dispendio e insensatez.

 

- II –

 

En su Gil Blas de Santillana [1715], Alain René Lesage mencionaba a un olvidado “vizcaíno”: Don Rodrigo de Mondragón, que se había convertido en el coco de un trinquete de Valladolid. Y eso no por la calidad de su juego, del que Lesage en realidad ni siquiera hacía mención, sino más bien por ser uno de aquellos “bravos de espada” que se erigían en tiranuelos de los trinquetes, juzgando a su antojo las dudas que se daban entre los jugadores. “Casseur de raquettes” le decía Lesage:”un auténtico rompepelotas”, en libérrima traducción.

Nadie se atrevía a discutir sus decisiones, a no ser que estuviera dispuesto a recibir al día siguiente un boleto desafiándole a un duelo a espada.

Feo, soberbio, desagradable, brusco y grosero en el hablar… Ninguna virtud le concedía Lesage. Pese a lo cual, le había hecho tilín a la dueña del trinquete, una agraciada mujer, rica y viuda de quince meses, y andaban para casarse.

No harían, como algunos dirían, una “bonita pareja”, pero sí debían formar una sociedad muy completa para el negocio… Una viuda, dueña de un trinquete en el que se juntaba todo lo marginal y levantisco de la ciudad, y un vizcaíno de espada fácil. Sí brutal y sí impresentable, pero también probadamente capaz de imponer el orden entre un personal que fácilmente se preveía, cuando menos, arriesgado.

 

- III –

 

De aquel Damoxenes dicen que compuso más de doscientas comedias en el siglo V a.C., de todas las cuales no resta sino un breve fragmento, sobre un muchacho jugador de pelota (sphairistes) de la Isla de Cos, transmitido por Ateneo en El banquete de los sabios.

Entre nosotros, lo publicó Pierre Lafitte, en la nota necrológica por George Herelle (Gure Herria, 1935), explicando que había sido el propio Herelle quien se lo dio a conocer cuando los dos coincidieron en los funerales por el lingüista Saroïhandy (1932), y que Herelle sentía un cariño especial por ese poemita, “à cause, disait-il, de sa mentalité quasi-euskarienne”. [“A causa, decía, de su mentalidad cuasi-vasca”].

Damoxenes avanza y avanza hasta que, de repente, se frena y se va, agradeciendo el haberse retirado, pues de lo contrario, habría cometido “une maladie”.

“Une maladie” en la traducción de Lafitte que no es sino el pecado nefando de marras.

A Herelle le encantaba ese poemita, “à cause, disait-il, de sa mentalité quasi-euskarienne”.

 

- IV –

 

Suele todavía en algunos libros sobre pelota mencionarse una “modalidad” llamada mahai-jokoa…

Lo único que realmente sabemos sobre ese mahai-jokoa es lo que expuso en 1929 Edmond Blazy en La pelote basque (1929, p. 191-2). Aparte de eso, repeticiones y paráfrasis más o menos fieles de lo escrito por el de Hendaia en ese lugar.

La cuestión es que la información sobre ese mahai-jokoa le había sido facilitada por Léon Barbier de Donibane-Garazi… Y ese Léon Barbier es el hermano de Jean Barbier Nihor, autor, entre otras, de Supazter xokoan y, ya que hablamos de pelota ahora, muy especialmente, de  Zazpi ohoinak / Les sept voleurs de Légendes Basques: siete hermanos que durante el día juegan a pelota y durante la noche roban y asesinan.

En un artículo que Lafitte dedicó a Nihor, decía haber conocido también a su hermano Léon. Y no sabiendo apenas otra cosa sobre ese informante, merece la pena reproducir lo escrito por Lafitte: “Haren anaia Leonard, denek Léon deitzen zuten aita familikoa ezagutu dutenek ez bide dute ahantzia zer kantari, bertsulari eta kondari alegera zen. Orroit naiz oraino Arnegi-Politenean haren ahotik entzunik berak eginikako hiru kantu: Neure andrea andre ttipia, Soldadoa sartzen da gerlak funditua, eta Martxoaren bia, ai hi zer eguna… Alta, Jakes Pekotx eta Joanes Martxotekin muntatu jostetak aipu zituelarik, bazen konpainian ixtant bateko irri!”.

Sinceramente, no se me va de la cabeza cuál pudiera ser el alcance real de eso que Lafitte decía “muntatu jostetak” (los “divertimentos”, las ¿”juergas”? que organizaban) a las que, al parecer, Léon era famosamente aficionado.

Se me ocurre ahora (es pura ocurrencia): ¿Se contaría, quizá, entre esas juergas-juegos-diversiones jugar a bote luzea metiendo, por humorada, una mesa en el negocio?

 

- V -

 

El alguacil de la novela Arranegi de Eusebio Erkiaga se llama Perkain. Como el que los unos dicen “pelotari de leyenda”, los otros “joueur de légende” y Frédéric de Saint-Jayme (y yo mismo) simplemente “Debru hori!”.

Eso siempre me ha intrigado. Y digamos que si “crítico y comedido”, prefiero vincularlo con el perkain del Diccionario de Azkue: “tosco, huraño; sauvage, rustre”. (“Zakarra, uzkurra”, egungo hiztegi gehienek)

Ahora bien, si “poético y alocado” (y ahora toca así), mejor me viene a la cabeza un pasaje de la llamada Canción de Perkain:

 

Azantzako semea nik ez dut mendratzen

Bere parerik ez du pilota botatzen.

Bainan Perkain hori etzuien lotsatzen,

Plaza guziarentzat bera aski baitzen

Y así sería, o no. De ahí lo tomaría Erkiaga, o quizá no…

La aclaración se fue con él, cosa que -lo recozco- me viene muy bien.

Sea como sea, siempre nos queda la parejita: Perkain el pelotari y su plaza y Perkain el alguacil y su plaza.

Y no es ese, como dicen que decía el Jentil de Murumendi, mal botillo… ¡para lanzarlo como pelota!

Porque al hablar de pelota, de una pelota atosigada por el tópico simple del agorá-plaza (y la raíz, a lo que dicen, de agorá, es exactamente la misma que la de agón…), no está de más recordar cosas tan “enredadoras” y “cizañosas” como aquella de, entre otros, B. Farrington: hubo, sí, una ciencia del agorá que nos ensalzan. Y hubo también una ciencia del acrópolis, que nos disimulan.

 

Ha habido y hay una pelota del agorá.

Ha habido y hay una pelota del acrópolis.

 

- VI -

 

Entre otras, por ejemplo: La creación de las federaciones de pelota (década de los veinte, culminada por la FIPV cuya acta fundacional fue firmada por dos vascos no cualesquiera: Jean Ibarnegarai y Ramiro de Maeztu: formas vascas de la ultraderecha reaccionaria) significó la intromisión directa, vertical, paternalista y estado-nacionalmente soberana en un aspecto tan fundamental en los procesos de socialización de un pueblo como es el juego. Ese pueblo era el vasco, y ese juego la pelota.

A partir de ahí, podemos discutir, considerar, contrastar, o coser y cantar sobre si la pelota es o no “cultura vasca”. Sobre si lo es necesariamente, contingentemente, o “a ratos”… Pero a partir de ahí.

Cuando hasta setas y champiñones tuvieron su correspondiente “historia social“, la pelota ni se inmutó. Siguió ensimismada, autista, en un discurso totalmente ajeno a cualquier tendencia, escuela, corriente o incluso pasajera y volátil moda intelectual… Vergüenza es que se te note el último libro leído. Mayor vergüenza es que se te note que no has leído ninguno. Los estudios filológicos no le interesaban; los históricos le daban igual; los sociológicos le patinaban; los jurídicos sólo tenían interés para los abogados de las empresas metidas en el ajo…

Sólo la “antropología” interesó. Eso sí, cuanto más especulativa y “misteriosa”, mejor.

Seré sincero (no imparcial): hay una razón, muy concreta, por la que considero al libro síntesis de ese momento -ejemplo de todas esas carencias-, Pelota, pelotari, frontón de Pelay Orozco, uno de los libros más definitivamente perniciosos en lo que refiere a la configuración del actual discurso sobre la “pelota-y-vasca”, considerándolo en relación al anterior Gran Libro de la Pelota [=GLP], de Bozas-Urrutia y Bombín Fernández (1976).

Con GLP se puede, como con todo, estar de acuerdo o en desacuerdo, en esto o en aquello, en todo o en parte… Pero, sobre todo, GLP debió hacernos pasar por un umbral del que en lo sucesivo los “estudios sobre pelota” ya jamás, bajo ninguna circunstancia, podían retroceder. Desde entonces, tenemos prohibidos los catecismos.

Y así, la cuestión no pasa por que Pelota, Pelotari, Frontón sea un “mal libro”, sino por que, en 1984, Pelay escribió un libro que nos devolvió a antes de 1976… Y nadie dijo nada, porque ninguna mayor necesidad se sentía.

Pelota, pelotari, frontón no es un libro de 1984: es un libro propio de 1950… Es, para las necesidades históricas, críticas, “ensayísticas”, y para, en definitiva, una cabal “ambición intelectual mínima”, exactamente lo mismo que en 1950 fue Euskaldunak de Orixe: un buen hijo, formalito,…, pero tardío y desubicado.

La diferencia estriba en que Orixe no pudo congelarnos en el tiempo y Pelay Orozco sí pudo.

Y otra vez nos devolvió a aquel viejo artículo Paume de 1837.

 

-VII-

(Sintaxis de la nación compuesta)

En la mesa, desde la portada de Euskal Karma de Jon Alonso, me mira B-12. Pero yo no le miro a él…

Sobre la imagen-base utilizada por la diseñadora Garbiñe Ubeda, la cabeza de B-12 es “acrónica”. Pero las ikurriñas en la pared, a ambos lados del “siete-y-pasa” son anacrónicas.

He hecho la prueba en varias ocasiones, y siempre me dicen que lo “advenedizo” en esa imagen de portada es la cabeza de B-12… Nadie ve las ikurriñas.

Y de eso va esto, en parte: de ver las ikurriñas cuando y donde no están. Y de no verlas, cuando y donde sí están. Porque gustos, aficiones, opiniones e incluso manías aparte (y no diré yo que no tenga las mías, que sí que las tengo, y muchas), desde un punto de vista interpretativo, las dos son exactamente el mismo tipo de chapuza impresentable.

___________

 

Por ejemplo… Hay un escrito que las bibliografías actuales sobre la pelota siguen refiriendo con toda la seriedad del mundo como artículo de Juan de Irigoyen: Sobre el origen vasco del juego de la pelota, publicado por La Gran Enciclopedia Vasca en 1967.

En realidad, ese “artículo” no es sino el capítulo segundo de Historia, ciencia y código del juego de la pelota de Bombín Fernández (Barcelona, 1946) que, a su vez, es la mera yuxtaposición de diez líneas de Irigoyen y la traducción casi completa de A quand remonte le jeu de la pelote basque, capítulo segundo de La pelote basque de E. Blazy (Baiona, 1929).

De hecho, fue el desastroso reparto del entrecomillado en el libro de Bombín lo que llevó a engaño a la redacción de La Gran Enciclopedia Vasca, mantuvo luego en el engaño a Jon Bilbao en Eusko-Bibliographia, e incluso a Bozas-Urrutia en las dos entregas de su bibliografía: en Boletin de la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País, más breve pero más exacta; y en El Gran Libro de la Pelota, más extensa pero plagada de errores de detalle y de bulto).

En cualquier caso, antes conocí yo ese “artículo” de Irigoyen que me diera cuenta de todo lo demás, y como La Gran Enciclopedia vasca no daba razón alguna del texto (evidentemente, NO PODÍA HACERLO), tuve que recurrir al propio texto para, en lo posible, establecerlo…

Una frase me pareció segura: “Secreto celosamente guardado por las montañas del Pirineo que, durante milenios, han visto sucederse en ambas vertientes a las generaciones euskadianas”.

Yo daba por sentado que nadie después de la guerra civil española se atrevería decir cosas como “generaciones euskadianas“, y mucho menos a escribirlas y darlas a la imprenta… Así pues, debía ser anterior a la guerra civil. Y si de Irigoyen (mucho  más que “afecto al Régimen“), bastante anterior…

Me equivoqué.

En realidad, ese “generaciones euskadianas“, que es de Bombín y de 1946, venía a traducir el “generations euskariennes” de Blazy de 1929.

Curiosamente, si se consideran los textos que del de Blazy llegan traducidos al español hasta El Gran Libro de la Pelota, de Bombín y Bozas-Urrutia, se ve que todos han sido trasladados directamente de las traducciones de 1946 de uno de los coautores, erratas incluidas…

Una sola variación: ya en 1976 no se escribe “generaciones euskadianas“, sino “generaciones éuskaras“…

Personalmente, que la única variación sea esa, me llama la atención…

Supongo que no debía ser lo mismo enfrentarse a una exaltada, pero lingüísticamente muy incompetente (“gramaticalmente” lo hacía mejor; cuestión de “normas”) censura franquista de 1946, que hacerlo a una censura más “metalingüísticamente” preparada de 1976…

 

-VIII-

Tuve la fortuna de dar con una carta en la que el mismísimo Napoleón Bonaparte se dirigía al General Savary, Duque de Rovigo y, a la sazón Ministro de la Policía General Francesa, y en la que “El Gran Corso” ordenaba expresa y específicamente que Perkain fuera arrestado.

Las razones para ello no eran en nada “pelotísticas”, pero tengo la carta por especialmente importante, en la medida en que me reafirma (si bien no me lo confirma de pleno) que la siempre tópicamente admitida relación de amistad entre Perkain y Jean-Isidore Harispe, general de Brigada con Napoleón y luego Mariscal de Francia, apenas puede proceder sino de una, seguramente, necesaria catarsis a la salida de las guerras de la Convención y luego Napoleónicas.

La carta, repito, no confirma de pleno que el de Baigorri y el de Aldude fueran enemigos, pero sí deja claro que Perkain se evidencia como amigo de los enemigos de Harispe: los Mina. (Ante la fecha de la carta, dejo de momento en suspenso si ésta se refiere a tío, Espoz y Mina, o sobrino, Mina Ilundain. En una lectura rápida de la autobiografía del primero no encuentro referencia que se adecúe sin problemas a esta estadía que menciona Napoleón, pero no parece se pueda referir al sobrino, prisionero, si no me equivoco, a partir de 1810)

Me limito ahora a reproducir su texto, sin más, en el convencimiento de que tiene un gran valor documental y que, sobre todo, obliga a una infinidad de preguntas que desde hace ya muchas décadas debían haber sido planteadas.

 

AU GENERAL SAVARY, DUC DE ROVIGO,

MINISTRE DE LA POLICE GÉNÉRALE.

Paris, 2 avril 1811.

Mina s’est rendu dans la commune française des Aldudes avec une douzaine d’hommes. Au lieu d’être poursuivi, il y a logé chez un particulier nommé Percain, qui lui a donné un guide pour le conduire à Burguete. Donnez ordre d’arrêter dix des principaux habitants de cette commune, entre autres ce Percain et le guide, et prenez des mesures pour que cela s’exécute subitement; en même temps, faites témoigner mon mécontentement à cette commune de son mauvais esprit.


 

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