El vizcaíno de las 100 libras
(Recuperado de la vieja MUTXO! con una puntillosa corrección)
Heiner Gillmeister se hacía cruces a cuenta del dichoso vizcaíno al que, dicen, Enrique VII de Inglaterra habría premiado con cien libras por su excelente juego de pelota (Tennis: A Cultural History, New York University Press, 1998, p. 20-21).
Ya en su día Aitona escribió un sabroso comentario a cuenta de ese “vizcaíno” en su Aportación a la historia del juego de pelota a pala (FIPV, Boletín, nº 4, 1954), y aunque el asunto es bastante otro del que Aitona decía, es un buen ejemplo de que puede ser mejor hacerse preguntas “tontas”, que dar por sentado y seguro lo que no se puede dar por sentado y seguro.
De otro lado, una bastante sinsorga “solución” a ese asunto del “vizcaíno” se leía en cierta página de internet, y se arrastró en una publicación reciente, según la cual se trataba de un español de sobrenombre “Vizcaíno” (Conca Pavia et al. : La Pilota Valenciana. Unitat Didactica. Suport de l’Ensenyament en Valencià, Generalitat Valenciana, 2002, p. 14).
Sea como sea, volviendo a Gillmeister, después de reproducir un asiento extractado de los libros de cuentas de Enrique VII (13 de junio de 1494): “To a Spaynyard the tenes pleyer, L4”, comentaba: “It is not known whether this Spaniard is identical with the misterious “Biscayen” who is said to have received for his excellent performance in tennis no less than L 100”.
En realidad, el origen de ese “misterioso vizcaíno” es ese mismo asiento que reproducía Gillmeister, tomado en su día de exactamente la misma fuente (Bentley, S, ed.: Excerpta Historica, or, Illustrations of English History, London, 1833, p. 98) por Francisque-Michel, que fue quien la entroncó entre nosotros en su Le Pays Basque. Sa Population, etc… (París, 1857, p. 102).
[***Corrijo ahora algo no del todo bien expresado entonces: Francisque-Michel, en realidad, acotó de la edición de 1831, aunque, por errata, se refiere como M.DCC.XXXI=1731. Fecha imposible esa segunda, toda vez que el editor, Samuel Bentley, según he podido averiguar, nació en 1785 y murió en 1868. No existe, sea como sea, diferencia alguna en lo que toca a ese asiento entre las ediciones de 1831 –utilizada por Fr.-Michel–, y la de 1833 –utilizada por Gillmeister–, según he podido cotejarlas.]
La conversión de “Spaniard” en “Biscayen” procede de la sugerencia de Fr.-Michel quien, sin ningún argumento, apuntó que probablemente fuera “biscayen”. Y así se ha venido afirmando categóricamente, sin mayor garantía que la de haber sido una y otra vez repetido desde entonces.
La conversión de las “4 L” del original en las “100 libras” que se suelen decir, tiene más que ver con otro tipo de problema.
El pasaje, tal cual, en inglés, lo reprodujeron Jean Elissalde y Louis Dassance en su Erreboteko Jokoa [=El juego de[l] rebote] (Gure Herria, Baiona, 1921), para luego parafrasearlo en euskara. Y es precisamente en la paráfrasis en euskara donde aparece “ehun libera”.
De ese “ehun libera” procede el “cent livres” de Edmond Blazy (La Pelote Basque, Baiona, 1929); y de éste, el “cien libras” de Bombín Fernández en Historia, ciencia y Código del Juego de la pelota (Barcelona, 1946)… Desde entonces, siempre “cien libras”, que son las que Gillmeister se encontró para no saber qué hacer con ellas.
En realidad, cuando Elissalde y Dassance dicen en euskara libera, están diciendo lo que en euskara es libera: no libra esterlina, sino franco francés.
Es un cambio de moneda. Nada más. Más o menos sensato y más o menos cabal, pero sólo eso: un cambio de moneda.
O quizá, me pregunto y me temo, es también un ejemplo más, entre tantos, de la lamentable incompetencia con que la literatura pelotística se ha movido tradicionalmente respecto del euskara.
JAVIER CUADRA
Amurrio, 2011-07-14
